*…el mito es una guía, que transmite un código ético y que, además, ha configurado la base de todas las religiones

Hoy es día día de San Valentín  y debo decir que -independientemente del origen de la celebración, la fecha, sus connotaciones sociales, políticas y económicas- me siento honrada por la amistad que mantengo con muchas personas, vínculos que se han generado a partir de la convivencia y de compartir horas, días, meses, la vida; la música, la alegría y la tristeza, el trabajo; la pasión y las convicciones…

Escribo esta nota pensando en ustedes y muy a propósito del 14 de febrero con una sincera preocupación por algunas ideas anti feministas que comparten sin querer queriendo y que yo atribuyo a un desconocimiento o tergiversación de ciertos conceptos; así que espero de todo corazón la compresión de los buenos lectores desconocidos y potenciales amigos o enemigos míos.

¿Que onda con el amor romántico?

Primero que nada -y seguro aquí se me irá toda la nota-, me gustaría aclarar el punto del amor romántico por el cual se están rasgando las vestiduras en las redes sociales… y es que al parecer no se dan cuenta de que amor romántico no es sinónimo de amor de pareja o de amor heterosexual.

No, el feminismo no está en contra de que hombres y mujeres se amen y se demuestren el amor con globos metálicos y corazoncitos rojos, o canciones, poesía, flores… o al tomarse de la mano y ver las estrellas, pasear por la ciudad, hacer una cena especial para la pareja; poner pétalos de rosa en la cama y charlar horas frente al fuego, bailar en la playa o juguetear en el sofá… Si eso es lo que se entiende por amor romántico, entonces estamos frente a un error de conceptos.

Muy aparte de si algunas de las prácticas arriba mencionadas sean o no producto de idealizaciones holywoodenses, costumbres burguesas enfocadas al consumo o, en el mejor de los casos, de un verdadero y pleno disfrute de la compañía y convivencia con la pareja, no es eso lo que consideramos violencia de género normalizada ni amor romántico como tal… El rechazo feminista hacia el amor romántico se basa en el análisis de ciertos mitos y en el de conductas violentas -visibles e invisibles- que se justifican dentro de las relaciones de pareja. No se trata de negar la atracción sexual y el deseo, sino de desmitificar una idea del amor asociada a la dependencia, la sumisión y la necesidad de otra persona para ser felices.

El príncipe azul: los dos principales mitos del amor romántico son el príncipe azul y la damisela en peligro, basados en una rígida división de roles y estereotipos: él es valiente, ella miedosa, él es fuerte, ella vulnerable, él es varonil, ella es dulce, él es dominador, ella es sumisa. A estos modelos de feminidad y masculinidad se les llama patriarcales y son la base de gran parte del dolor que experimentamos al enamorarnos y desenamorarnos, porque se nos vende un ideal que luego no se corresponde con la realidad; es decir, todos somos fuertes y frágiles, activos y pasivos, dominadores y sumisos; pero curiosamente nos encajonamos en unas etiquetas que determinan nuestra identidad, sentimientos, actitudes y comportamientos de por vida.

Cuando nos enamoramos estamos ciegos. No vemos al otro tal y como es. Luego, el tiempo pasa y vamos dándonos cuenta de quién es verdaderamente el otro… y ahí comienza el desafío del amor; ahí podemos comenzar a hablar de verdadero amor, de asentir, de aceptar, de decir sí al otro tal y realmente como es. Si el otro es muy diferente a lo que tú necesitas o esperas, no puedes ni debes obligarlo a que sea como tú quieres o deseas. Eso sería infantilismo, manipulación insana. Lo que sí se puede y debe hacer es construir la pareja desde un diálogo maduro y respetuoso (…) Bert Hellingert

Mitos actuales

La mayor parte de los mitos amorosos surgieron en la época medieval; otros se desarrollaron con el paso de los siglos para finalmente consolidarse en el XIX, con el Movimiento Romántico. De ellos nos quedan, según Carlos Yela García (2002), unos cuantos que configuran nuestras estructuras sentimentales en la actualidad:  

 

  • Mito de la media naranja, derivado del mito amoroso de Aristófanes, que supone que los humanos fueron divididos en dos partes que vuelven a unirse en un todo absoluto cuando encontramos a nuestra “alma gemela”, a nuestro compañero/a ideal.  Es un mito que expresa la idea de que estamos predestinados el uno al otro; es decir, que la otra persona es inevitablemente nuestro par, y solo con ella nos sentimos completos.
  • Mito de la exclusividad: creencia de que el amor romántico sólo puede sentirse por una única persona. Este mito es muy potente y tiene que ver con la propiedad privada y el egoísmo humano, que siente como propiedades a las personas y sus cuerpos. Es un mito que sustenta otro mito: el de la monogamia como estado ideal de las personas en la sociedad.

  • Mito de la fidelidad: creencia de que todos los deseos pasionales, románticos y eróticos deben satisfacerse exclusivamente con una única persona: la propia pareja.
  • Mito de la perdurabilidad (o de la pasión eterna): creencia de que el amor romántico y pasional de los primeros meses puede y debe perdurar tras miles de días (y noches) de convivencia.
  • Mito del matrimonio o convivencia: creencia de que el amor romántico-pasional debe conducir a la unión estable de la pareja, y constituirse en la (única) base del matrimonio (o de la convivencia en pareja). Esto nos crea problemas porque vimos que la institucionalización de la pasión, y el paso del tiempo, acaban con ella.
  • “La idolatría del matrimonio es la contrapartida de las pérdidas que produce la modernidad. Si no hay Dios, ni cura, ni clase, ni vecino, entonces queda por lo menos el Tú. Y la magnitud del tú es el vacío invertido que reina en todo lo demás. Eso significa también que lo que mantiene unido al matrimonio y a la familia no es tanto el fundamento económico y el amor, sino el miedo a la soledad” (Ulrick y Elisabeth Beck, 2001).

  • Mito de la omnipotencia: creencia de que “el amor lo puede todo” y debe permanecer ante todo y sobre todo. Este mito ha sujetado a muchas mujeres que han creído en este poder mágico del amor para salvarlas o hacerlas felices, pese a que el amor no siempre puede con la distancia, ni los problemas de convivencia, ni la pobreza extrema.
  • Mito del libre albedrío: creencia que supone que nuestros sentimientos amorosos son absolutamente íntimos y no están influidos de forma decisiva por factores sociales, biológicos y culturales ajenos a nuestra voluntad.
  • El mito del emparejamiento: creencia en que la pareja es algo natural y universal. La convivencia de dos en dos ha sido, así, reificada en el imaginario colectivo, e institucionalizada en la sociedad.

El negocio del amor

El día de San Valentín, de los enamorados o del amor y de la amistad representa una derrama económica de 1190 millones de pesos en la capital del país según la economista Galia Rabchinsky y datos de la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo en Pequeño de la ciudad de México (Canacope); esto hace de la fecha más que una costumbre, un día de mercadotecnia.

Se reporta un ingreso de 550 millones de pesos o el incremento del 20% del consumo regular según la Cámara Nacional para la Industria del Restaurante y Alimentos (Canirac) y la creación de 50 mil empleos directos al año dentro de la producción y el cultivo de flores; siendo el 14 de febrero la segunda fecha más importante para el consumo de éstas después del Día de las Madres. Otros de los productos con mayor demanda en este día son los chocolates y dulces, las tarjetas, joyas, ropa, peluches, perfumes y vinos y licores.

Toda una industria ha surgido alrededor del amor romántico o de lo que el escritor inglés D.H. Lawrence llamó “egoísmo a dúo”; relaciones basadas en la dependencia, los celos, la ausencia de libertad, la adscripción a los convencionalismos sociales y la idealización del otro. El amor romántico se traduce entonces en un producto cultural de consumo; un fenómeno en el que las personas no aman realmente a la pareja en toda su complejidad, sino a un espejismo; príncipes azules y mujeres perfectas; modelos de relaciones extendidas masivamente donde los individuos se enamoran y posteriormente se desencantan y mientras más grandes son las expectativas de los enamorados, mayores son sus frustraciones.

“La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción; el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea” dice Erich Fromm; sociólogo y psicólogo alemán en su libro El Arte de Amar advirtiendo como la generosidad, la entrega, el altruismo, la honestidad y la comunicación que requiere el amor, chocan con la realidad de las relaciones humanas que se viven hoy en día. En el amor romántico se confunden la comprensión y aceptación con el amor incondicional, donde haga lo que haga la pareja deberá de tolerarse “por amor” aunque esto implique la nulificación de la persona, un maltrato psicológico, físico u otras imposiciones cuyo cumplimiento forma parte de una “prueba de amor” o de conceptos encerrados en frases como “El amor todo lo puede”, “No hay nada imposible para el amor” o “Al final el amor siempre triunfa” y otras que implican la desvalorización de la persona: “Sin ti no soy nada”, “No puedo vivir sin tí”…

Amores que matan

Una relación de pareja se debe fundamentar en el respeto y la confianza, afirma el psicólogo ítalo-argentino Walter Riso, especialista en terapia cognitiva y autor de libros como Amar o Depender o Amores Altamente Peligrosos entre muchos otros títulos que invitan a la revisión de la vida afectiva para hacer del amor una experiencia satisfactoria. En sus trabajos, Riso promueve la autonomía y la autoeficacia frente a la dependencia y el apego en las relaciones amorosas enfermizas que muchas personas viven, manteniéndose atadas a una forma de tortura de consecuencias fatales para la salud mental y física.

La investigadora madrileña Coral Herrera Gómez, doctora en Humanidades y Comunicación Audiovisual con énfasis en Teoría de Género, autora del libro La Construcción Sociocultural del Amor Romántico señala que la violencia es un componente estructural de nuestras sociedades desiguales donde se confunde amor con posesión. La autora subraya el vínculo entre la violencia de género y el amor romántico, poniendo en evidencia a los medios masivos de comunicación que nos presentan los casos de violencia contra las mujeres como crímenes pasionales justificando los asesinatos y culpando a las víctimas.

En México las estadísticas de violencia psicológica en el noviazgo son alarmantes; el 76% de los jóvenes mexicanos ha sufrido alguna vez violencia psicológica, 15% violencia física y 16.5% violencia sexual de acuerdo con cifras del Instituto Mexicano de la Juventud. Los datos más reveladores proceden de la Encuesta Nacional de Violencia en las Relaciones de Noviazgo (Envinov) llevada a cabo hace 10 años (2008) con una muestra nacional representativa rural/urbana de 7 millones 278 mil 236 jóvenes mexicanos y mexicanas de entre 15 y 24 años de edad.

Bibliografía:
"El Arte de Amar" Erich Fromm
"Amar o Depender" Walter Riso 
"La Construcción Sociocultural del Amor Romántico" Coral Herrera
Fuentes:
https://haikita.blogspot.mx/2010/08/los-mitos-del-amor-romantico.html
http://www.redalyc.org/pdf/292/29215980003.pdf

 

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