UN ROL DE CANELA O DE GÉNERO

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UN ROL DE CANELA O DE GÉNERO
Estoy terminando de desayunar y eructo con estruendo.
“¡No eructes como «hombre!»”, dice mi mamá. “Hubieras sido el hombre”, termina diciendo.
De niña solía salir a jugar y regresar con las rodillas sucias y lastimadas. La verdad es que jugar con niños era más emocionante y divertido. Es claro que Barbie tenía muchos accesorios, ropa y carro, pero Ken era un mantenido y esto me aburría mucho.
Esos recuerdos vienen en este momento cuando desatornillo la puerta de la alacena mientras escucho a mi lado derecho un tic tac…
Mi hermano me dice
“¡Muévete que estoy trapeando!”. Sólo veo sus guantes de látex rojos puestos. ¡Dios! ¡Quiero una caguama súper fría mientras reparo esto!
Mi recámara es un desastre y mi mamá lo cree también así. Cuando entro me siento cómoda y disfruto de la luz e incluso del mismo polvo. Naturalmente todo esto me lleva a preguntarme:
¿Por qué no actúo como debería hacerlo una “mujer”?
No lo sé. Sigo sin saber de qué se trata aquello de ser mujer. No tengo tiempo de pensar esto y tampoco prisa por saberlo.
Me gusta usar vestidos, pero no suelo ser delicada y los ensucio o rompo constantemente; me gustan mis piernas con zapatillas pero también disfruto eructando después de un gran trago de cerveza.
Así que sólo pienso que soy lo que soy, quizá un poco indecisa y caótica.
—“No te preocupes querida, tus piernas son muy bonitas. Ahora, ¿Qué vas a llevar?”
—¡Ah sí! Me da unos roles de canela, Doña Juana.

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